La unidad no significa uniformidad. Nuestras impresiones son nuestra individualidad aparente. No se trata de que perdamos nuestra individualidad, sino nuestra percepción de esa individualidad.

Al intentar destruir los samskaras, estás añadiendo más samskaras. Lo que hay que hacer es refinarlos. Al alcanzar un determinado punto de refinamiento se produce una gran tranquilidad y los samskaras se desprenden y se vuelven uno con sus elementos originales, que son indestructibles. Esto es lo que hace que el universo continúe, por eso es eterno. Esos samskaras, esos valores de vida rayásicos o sátvicos, no tienen comienzo y, por lo tanto, no tendrán fin. Pero al refinarlos completamente se des- prenden de nosotros y sólo la luz pura permanece.

Siempre estamos creando a Dios. Estamos siempre tirando de esa energía pura, esa experiencia pura que se experimenta a sí misma. Estamos tirando de esa energía pura a través de las sucias capas de nuestra mente e intentamos interpretar esa pureza a de nuestra suciedad (samskaras). Por ello, algunos filósofos dicen que el hombre crea a Dios de acuerdo con sus propias concepciones.

Los elementos de los samskaras, que son de una materia muy fina, se desintegran más allá de las partículas subatómicas y fluyen a las áreas donde son más necesitados. Así, estas finas corrientes permanecen durante la fusión final entre el individuo y lo universal, entre el hombre y Dios. Aquí ocurre un proceso distinto: el árbol entero existe en la semilla y la semilla existe en el árbol. Estas finas corrientes no tienen un homólogo a su nivel en el que desintegrarse. Por lo tanto, estas finas corrientes revierten al estado de semilla, el individuo es finalmente liberado y ti te haces uno con Dios. Esa es la unidad de la consciencia. Esa es la unificación entre el hombre y Dios.

Estamos tratando de deshacernos de ideas preconcebidas, doctrinas y creencias ciegas de las que no sabemos nada, para apuntar al valor experimental real de la vida, donde lo más puro de lo puro, el yo espiritual, se experimenta en su inocencia total.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *